Servidores

Mostrando el amor a Cristo, por medio del servicio.

Un llamado a servir como Cristo

Jesús no vino al mundo para ser servido, sino para servir. Su vida fue una demostración constante de amor, humildad y entrega. Él mismo declaró: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).

Servir como Cristo significa comprender que nuestra vida no gira alrededor de nosotros mismos, sino alrededor de Dios y de las personas que Él ha puesto a nuestro alrededor. Cristo se acercó al necesitado, consoló al afligido, enseñó al ignorante, restauró al caído y mostró compasión al que sufría. Nunca consideró que servir fuera una carga; lo hizo porque el amor era la expresión natural de su corazón.

En Juan 13 encontramos una de las escenas más profundas del ministerio de Jesús. El Maestro tomó una toalla, puso agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Aquel que era digno de toda honra asumió la posición de un siervo. Después les dijo: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14).

Jesús estaba enseñando que el verdadero liderazgo en el Reino de Dios no se mide por cuánto reconocimiento recibimos, sino por cuánto estamos dispuestos a entregar. Servir requiere humildad. Muchas veces queremos ser vistos, reconocidos y apreciados, pero Cristo nos llama a servir aun cuando nadie nos aplauda.

Hay servicios que son visibles y otros que solamente Dios conoce. Predicar desde un púlpito es servir, pero también lo es visitar a un enfermo, escuchar a una persona que atraviesa una crisis, limpiar el templo, enseñar a un niño, orar por alguien, ayudar a una familia necesitada o simplemente estar disponible cuando alguien necesita una palabra de esperanza.

No debemos esperar tener una posición dentro de la iglesia para comenzar a servir. El servicio comienza con un corazón dispuesto. Dios no solamente mira lo que hacemos; también mira la actitud con la que lo hacemos.

Servir como Cristo significa decir: “Señor, aquí estoy. Usa mi vida.” Significa estar dispuestos a dejar nuestra comodidad para responder a una necesidad. Significa entender que cada don, cada talento, cada recurso y cada oportunidad que tenemos puede convertirse en una herramienta para glorificar a Dios.

Quizás nadie reconozca algunas de las cosas que haces. Quizás tu servicio parezca pequeño. Pero recuerda que en las manos de Dios ningún acto de amor es insignificante. Lo que hacemos para Él y por amor a los demás tiene valor eterno.

Cristo nos dejó el ejemplo. Él sirvió hasta entregar su propia vida. Por eso, nuestro llamado no es simplemente a ocupar un lugar en la iglesia, sino a tener el corazón de un siervo.

¿Estamos dispuestos a servir como Cristo?

La pregunta no es solamente qué podemos recibir de Dios, sino qué podemos hacer para servirle a Él y bendecir a otros. Que nuestra oración sea: “Señor, dame un corazón humilde, sensible y dispuesto. Enséñame a servir como tú serviste.”

Porque seguir a Cristo también significa aprender a servir como Cristo.